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El paseo de Don Antonio
Los pitidos de los coches despertaron a Don Antonio.
El reloj marcaba las cinco y media de la mañana, aunque en realidad eran ya las ocho y media. Don Antonio sabía que el reloj estaba atrasado tres horas, pero él lo prefería así, de esa manera se levantaba más inspirado para joderle el día a alguien.
Se incorporó de costado y escupió con asco en el recipiente metálico. Ese era su ritual de purificación diario.
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